CSI: Mierda
septiembre 19, 2010 6 comentarios
La puntualidad no es un tema que se estile mucho últimamente, al menos en mi ámbito más cercano. No sé muy bien por qué pasa esto; tal vez habría que investigarlo de alguna forma; buscar una razón coherente para este suceso, tal vez. Pero no. No estoy para investigaciones. Prefiero escribir sobre banalidades en mi blog. Bueno, el tema es que se queda a una hora y se aparece a una. Y todavía no sé si es porque soy el único educado o porque soy el único gilipollas que llega a la hora en que se queda; pero suelo llegar el primero y esperar a los demás. Hay honrosas excepciones, en las que dos o tres estamos esperando al resto. Pero ese día estaba yo solo. Esperando.
Una de las cosas que más miedo me da cuando estoy esperando es que se retrasen más de lo normal. Empiezo a pensar que han quedado en otro sitio, o a otra hora (no me ha pasado pocas veces), o que directamente no han quedado. Digo que me da miedo porque soy un vago y me da pereza volverme a casa a los cinco minutos de haber llegado. Y eso que vivo a cinco minutos de donde quedamos… En fin, en estos pensamientos estaba cuando de pronto pasó la loca de los perros. No sé por qué he usado la expresión “de pronto”. Como si me hubiera sorprendido verla.
Permítanme explayarme; La Loca De Los Perros. Así, en mayúsculas. Esta mujer siempre, SIEMPRE digo, pasa a la misma hora por el mismo sitio. Todos los días. Da la casualidad de que es el mismo sitio en el que quedamos, y eso nos proporciona divertidos encuentros con ella; que normalmente se reducen a ella preguntándole a su perro qué camino deben tomar; izquierda o derecha. Porque sí, tiene perro. O debería decir perros. Cada día lleva un perro distinto. Es como si tuviera un armario lleno de perros colgando del cuello, y fuera cogiendo cada día al que más conjuntara con su ropa. Ésta ha sido una sutil broma; lo de conjuntar con la ropa, digo. Siempre lleva la misma ropa, mismo color, mismo hedor a viejo, supongo. A viejo y a no lavado.
Pero dejemos de hablar de La Loca de Los Perros y hablemos del perro (uno de ellos) de La Loca de Los Perros. No sé cómo explicar esto sin que suene grosero, así que sonará grosero; el perro cagó en la acera. En defensa de La Loca de Los Perros; de la que he dicho que no volvería a hablar (sois lectores de este blog, ya sabéis que no soy un hombre muy de palabra. De hecho sabéis que ni siquiera soy un hombre…), he de decir que suele recoger las deposiciones de su cánido. Suele. Ese día estaba ocupada pensando en, yo qué sé, la filosofía de los viajes en el tiempo. En ese caso; me alegro de que no dejara sus divagaciones por recoger una mierda del suelo. Necesitamos viajar en el tiempo. Por el bien de la humanidad. Pero de esto ya hablaré en otra ocasión…
El caso es que el perro dejó ahí lo comido, ¿vale? Y después se fue. Hasta aquí todo normal. Pasa un tiempo y se atisba al horizonte un señor vestido de traje hablando por el teléfono móvil. recuerda ligeramente a Barney Stinson. Pero no nos paremos en este dato. No entendía el idioma en que hablaba. El caso es que, al pasar por delante de los restos del perro, se paró en seco. Se quedó mirando, se agachó y olió lo que hacía cinco minuto estaba en el interior del perro. Llegó a una rápida conclusión, al parecer, interesante, y cogió algo de su bolsillo. una bolsita de plástico. De éstas que usa Dexter (creían que no iba a haber referencias seriéfilas, ¿eh, perros?). Acto seguido se puso un guante lo cogió, y con sumo cuidado, lo introdujo en su bolsita. Se levantó, dijo algo en un idioma balcánico o por ahí, y se dispuso a irse. Cuando me miró. Yo también le miré. Me guiñó un ojo. Y se fue. Como vino se fue.
Me imagino a ese señor entrando en una furgoneta de lavado de perros, dentro de la que hay otros dos señores trabajando con unos monitores. Me lo imagino sacando el ñordo de la bolsita y empezando a analizarla. Cual Grissom fecal. Ay, no, que ahora Grissom no está, ¿no? Ahora está el negro de Apocalypse Now, ¿no? Bueno, da igual nunca he visto CSI. Me los imagino identificando al dueño del descubrimiento, y; haciendo una rápida asociación de ideas, llegando a La Loca de Los Perros, a punto de descubrir la fórmula que haga posible viajar en el tiempo. Toda esa información sacada del zurullo, por supuesto. Me los imagino echando a correr, deteniendo a La Loca de Los Perros y dándole con el Flash de Men In Black. Porque al Gobierno no le interesa que se viaje en el tiempo. Eso lo sé yo, lo sabes tú y lo sabe el Rey. De toda la vida, vamos.
Así que ya sabéis, si algún día veis alguna mierda en el suelo imaginad todo lo que sería capaz de hacer ese señor con ella. Si Osama Bin Laden tuviera perro, ya lo habría encontrado él solito. Si Vincent hubiera cagado en el aeropuerto, habría encontrado la isla de LOST.
Itur.
P.D. Me veo en la obligación de aclarar que ese día me había confundido de hora. No quedamos a las 6, sino a las 6 y media. Como ya he dicho, no fue la primera vez. Ni será la última.


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¿Eso pa’ qué?
Lo que dice Izkue sería la solución a todos tus problemas… Aunque yo rociaría con fluzo el objeto de metal. Le da mayor efectividad.
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Mención especial merece el link “reputas cogidas”. Poesía para mis oídos.